La teoría oxfordiana sugiere que Edward de Vere, conde de Oxford, fue el verdadero autor de las obras atribuidas a Shakespeare. Normalmente, los expertos dan por buena la autoría basándose en pruebas históricas: archivos, testimonios de la época, historiadores. Los oxfordianos plantean su teoría suponiendo que los textos son autobiográficos y, a partir de ellos, construyen un perfil de autor que difiere del Shakespeare conocido y apunta hacia el conde de Oxford. Desacreditan los archivos históricos alegando que fueron manipulados para proteger la identidad del autor original, sobre todo por el contexto político de la época. La película es una recreación de ese periodo y de las circunstancias que llevaron a atribuir las obras a Shakespeare, partiendo de la teoría oxfordiana.
¿Qué tenemos?
- Roland Emmerich (Godzilla, Independence Day), director de grandes producciones, efectos especiales y presupuestos astronómicos.
- Una historia que parte de una controversia pero que se desarrolla en torno a la sucesión al trono de Isabel I.
- Actores eficaces: Rhys Ifans (os sonará de Notting Hill o de la magnífica Radio encubierta) y Vanessa Redgrave (Regreso a Howards End).
- Una fotografía agradable de ver.
- Unos efectos especiales innecesarios.
¿Qué no tenemos?
- Precisión histórica en los detalles.
- Credibilidad del director (sensacionalismo en El día de mañana, investigación histórica en la aburridísima 10.000 a.C.).
¿Cuál es el resultado?
Un producto que intenta destacar en muchas facetas y acaba siendo mediocre en casi todas, con algunos fragmentos rescatables. Conviene dejar claro que no es un documental, aunque empiece como tal. Los hechos que presenta son una reinterpretación independiente de la historia para justificar la confusión sobre la autoría de las obras de Shakespeare. ¿El problema? Pues que no se sabe cuál es el público adecuado. Yo identifico dos tipos: los oxfordianos y el resto. Si eres oxfordiano, casi seguro que te gustará. Si no lo eres pero conoces la historia, probablemente te irritará. Hay algunas imprecisiones y hay que concederle mucho crédito al guion. El guion no ilustra ni resulta creíble. Si le quitamos la capa de conocimiento histórico previo (el que tiene la mayoría del público), queda una película de poca sustancia y interés decreciente. Cuesta de seguir porque da por sabida mucha información.
Eso sí, las actuaciones son sólidas, especialmente la de Rhys Ifans como conde. La escenografía es inmejorable (la reconstrucción del Globe original es espectacular), incluso la recreación de cómo debían de representarse las obras de la época en el teatro. Esos momentos en pantalla son sublimes. La trama que sostiene la historia despierta interés, pero no se puede apreciar del todo: tiene demasiadas suposiciones históricas. Se nos presenta a un conde ensalzado y a un Shakespeare caracterizado hasta el ridículo, quizá una exageración. Más rigor histórico reforzaría la credibilidad; es difícil distinguir qué es verdad y qué no. En definitiva, queda una pieza estrictamente de entretenimiento que desvirtúa el espíritu de la pregunta original: ¿fue Shakespeare un fraude? No lo sé, pero la película sí lo es.
Velo si eres fan de Shakespeare, si te interesa la teoría de Oxford, si te gustan los sensacionalismos o si no te dormiste con 10.000 a.C. Con una investigación histórica previa puede resultar interesante y tiene algunos momentos brillantes. Como ficción histórica, es mucho mejor la magistral Amadeus.
Producto tragable.
