Acero puro

Acero puroFuturo próximo: las peleas de robots son muy populares y mueven mucho dinero. Charlie acepta una apuesta en la que su robot debe enfrentarse a un toro. Se juega un dinero que no tiene, se despista y pierde: su robot queda destrozado. Desmoralizado, de camino a casa le avisan de que la madre de su hijo ha muerto y de que le deja la custodia de un niño al que no conoce. No quiere hacerse cargo, pero al ver que la familia está bien situada económicamente, pacta un trato que le reporta unos ingresos si se queda con el chico dos meses de verano. Sin planearlo, su hijo se meterá de lleno en el mundo de las peleas de robots…

¿Qué tenemos?

  • Una película dirigida a adolescentes, pensada para entretener, impresionar y emocionar a pequeños y mayores.
  • Efectos especiales muy realistas, tan bien hechos que parece que no están.
  • Productores de renombre (Spielberg, Zemeckis), de los que a veces aportan magia al cine.
  • Actores populares que encajan muy bien en sus papeles.
  • Una película sencilla, previsible y fácil.

¿Qué no tenemos?

  • Pretensiones en el guion: ni complicaciones, ni crítica social o tecnológica.
  • Personajes profundos ni una historia innovadora.

¿Cuál es el resultado?

Un producto fácil de digerir y entretenido, de los que se pueden ver muchas veces. El guion tiene los robots (y los efectos) de Transformers y algo de la sensibilidad de E.T., el extraterrestre, pero sobre todo recuerda a dos películas de Stallone: Yo, el halcón (la del camionero que echa pulsos con su hijo al lado; ¡seguro que la habéis visto!) y Rocky IV (la del ruso, Ivan Drago). La diferencia es que aquí los que luchan, los robots, son espectaculares. A cambio, el guion no se exige demasiado ni con los personajes ni con la historia. Está basado en un relato corto de los años cincuenta, «Steel», que luego se adaptó en un episodio de la fantástica La dimensión desconocida.

El protagonista es Dakota Goyo (os sonará por ser el joven Thor), un niño de 11 años que acapara la pantalla, da lecciones a su padre y es, como poco, un superdotado (como en las películas de los ochenta, donde los niños eran los más listos y siempre tenían razón). Hugh Jackman (famoso por X-Men o por la excelente El truco final) es el padre irresponsable, un exboxeador que podría haberlo tenido todo pero es incapaz de asumir responsabilidades, lo que lo convierte en un perdedor. El actor cumple a la perfección; el papel parece hecho a su medida. Evangeline Lilly (Perdidos) es su novia: aporta sensibilidad y sonrisa, aunque llora demasiado. Con un personaje bastante confuso, resulta aceptable.

Básicamente veréis peleas de robots en diferentes contextos, acompañadas de una historia de relación entre padre e hijo, de superación personal y de luchar por lo que uno quiere. Tiene ese toque Spielberg de ir a por la lagrimilla fácil y de película sin pretensiones que se puede ver muchas veces. Pero lo que realmente destaca son unos combates de boxeo entre robots espectaculares.

Velo si quieres saber qué pasa cuando se combinan boxeo y robots: en ese apartado no decepciona. Además, es entretenida y fácil de ver, siempre que no se sea demasiado exigente. Abstenerse cinéfilos alérgicos a los productos de Hollywood.

Recomendable y entretenida.